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¿Cuántas mujeres han cambiado el mundo sin recibir el reconocimiento que merecían?

El Efecto Matilda describe la tendencia histórica a atribuir los logros científicos, académicos o profesionales de las mujeres a sus colegas masculinos o a minimizar su contribución. El término fue acuñado por la historiadora de la ciencia Margaret W. Rossiter en honor a Matilda Joslyn Gage, quien denunció esta injusticia ya en el siglo XIX.

Detrás de muchos descubrimientos, innovaciones y avances que aparecen en los libros de historia, encontramos historias de mujeres brillantes cuyo trabajo fue ignorado, invisibilizado o atribuido a otros.

Pero la pregunta incómoda es otra: ¿hemos superado realmente el Efecto Matilda en 2026?

Aunque los avances en igualdad son innegables, numerosas investigaciones siguen mostrando diferencias en visibilidad, promoción, reconocimiento y atribución del mérito. En reuniones, proyectos, publicaciones, procesos de evaluación o puestos de liderazgo, todavía existen sesgos, a menudo inconscientes, que pueden hacer que las contribuciones de las mujeres reciban menos crédito o tengan que demostrar más para obtener el mismo reconocimiento.

El Efecto Matilda ya no se manifieste de forma tan evidente como hace décadas. Hoy suele aparecer de manera más sutil: en quién recibe los aplausos, quién aparece en la fotografía, quién es citado como referente o quién es considerado «la persona clave» detrás de un éxito colectivo.

Sesgo de autoridad

Los avances en igualdad son evidentes, y aún así numerosos estudios como el publicado en la revista científica PNAS por la investigadora Corinne Moss-Racusin demostró que el profesorado universitario evaluaba como más competente y contratable a un candidato masculino que a una candidata femenina cuando ambos presentaban exactamente el mismo currículo. Además, tendían a ofrecerle un salario más alto y más oportunidades de mentoría.

Más recientemente un estudio publicado en Scientometrics en 2025 encontró que siguen existiendo diferencias de género en la autoría principal y en el reconocimiento académico dentro de varias disciplinas de ciencias sociales, señalando la persistencia de dinámicas asociadas al denominado Efecto Matilda.

La cuestión es que siguen operando sesgos más sutiles como el sesgo de autoridad que nos lleva a conceder más credibilidad o reconocimiento a determinadas personas por su posición, prestigio o por como encajan con nuestros estereotipos previos. Cuando esto ocurre, el mérito puede quedar eclipsado por quién emite la idea y no por la calidad de la idea en sí.

El resultado no siempre es intencionado, pero sí tiene consecuencias: menos visibilidad, menos reconocimiento y menos oportunidades para quienes han realizado la aportación original.

Efecto Matthew

El Efecto Matilda rara vez actúa solo. A menudo se combina con otro fenómeno ampliamente estudiado en sociología de la ciencia: el Efecto Matthew, descrito por el sociólogo Robert K. Merton.

El Efecto Matthew explica cómo las personas que ya poseen prestigio, reconocimiento o autoridad tienden a recibir aún más crédito por sus contribuciones, mientras que quienes tienen menos visibilidad ven cómo sus aportaciones pasan desapercibidas. En otras palabras: el reconocimiento genera más reconocimiento.

Cuando el sesgo de autoridad, el Efecto Matthew y el Efecto Matilda se combinan, surge una dinámica especialmente poderosa: una idea puede ser ignorada cuando la propone una persona con menor visibilidad y recibir atención inmediata cuando es respaldada por alguien con más prestigio, rango o influencia.

La pregunta que deberíamos hacernos en 2026 es si seguimos confundiendo la calidad de una idea con la posición de quien la expresa.

Las organizaciones innovadoras son aquellas que son capaces de identificar las mejores ideas, independientemente de quién las proponga.

Reconocer estos sesgos no implica cuestionar el mérito de quienes ocupan posiciones de liderazgo o prestigio. Significa asegurarnos de que el talento, el esfuerzo y la contribución reciben el reconocimiento que merecen, sin que la autoridad, el género o la notoriedad actúen como filtros invisibles.

Talento, reconocimiento e igualdad

La verdadera igualdad consiste en reconocer con justicia el talento, las ideas y el impacto de cada persona.

La mejor forma de combatir el Efecto Matilda y el Efecto Mathew es hacernos una pregunta sencilla cada vez que celebramos un logro: ¿Estamos reconociendo a todas las personas que han contribuido a hacerlo posible de forma equitativa e igualitaria, sin sesgos? El talento no tiene género pero el reconocimiento a menudo sí.

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