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Por Elena Marcos

Directora de Comunicación y Estrategia en Alma y Talento 

¿Hay alguien en esta sala que considere que no tiene ningún sesgo? Es una de las preguntas que hacemos al comenzar nuestros cursos de Alma y Talento de Diversidad, Igualdad e Inclusión (DEI).

Después de hacerla, se produce un silencio, después alguna mirada cómplice y tarde o temprano, aparece alguien que levanta la mano y dice. “Yo no tengo sesgos.” En ese momento comienza la formación, porque todos tenemos sesgos.

No significa que seamos malas personas, que discriminemos deliberadamente o que actuemos con intención de perjudicar a alguien. Lo que ocurre es que nuestro cerebro utiliza atajos para interpretar una realidad compleja y tomar decisiones con rapidez.

El problema no es tener sesgos. El verdadero problema es no saber que los tenemos.

El sesgo que no vemos es el que más condiciona nuestras decisiones

Los sesgos pueden aparecer cuando seleccionamos talento, cuando entrevistamos a una persona, cuando evaluamos su potencial, cuando decidimos quién está preparado para promocionar o cuando elegimos a quién damos una oportunidad y muchos de ellos actúan sin que seamos conscientes.

Podemos pensar que estamos tomando una decisión objetiva y sin embargo estar condicionados por nuestras experiencias, estereotipos, expectativas o prejuicios aprendidos.

Por eso en el curso de DEI desarrollamos conciencias. Solo podemos transformar aquello que somos capaces de reconocer.

De la igualdad formal a la igualdad real

Tener políticas de igualdad no significa necesariamente que exista igualdad en la experiencia cotidiana de las personas.

La verdadera transformación comienza cuando la igualdad deja de ser exclusivamente un requisito normativo y pasa a formar parte de la cultura de la organización.

Es vital crear entornos donde el talento pueda desarrollarse sin que el género, la edad, el origen, la discapacidad u otras circunstancias se conviertan en barreras.

La inclusión consiste en conseguir que todas las personas puedan entrar, participar, aportar y progresar.

El liderazgo también necesita formación DEI

Los líderes tienen una enorme capacidad para reproducir o transformar la cultura de una organización.

Un lider inclusivo tiene que saber escuchar otras perspectivas, identificar dinámicas de exclusión, cuestionar decisiones aparentemente objetivas y crear espacios donde las diferencias no sean un obstáculo, sino una fuente de valor.

Por eso la formación DEI debe llegar a quienes tienen capacidad de decisión para ayudarles a pensar sobre cómo piensan.

Formar para prevenir

La formación tiene una importante función preventiva.

Prevenir discriminaciones, sesgos, conflictos. Prevenir que determinadas personas queden sistemáticamente fuera de las oportunidades.

Y prevenir significa actuar antes de que el problema aparezca.

Una organización que forma a sus equipos desarrolla herramientas para anticiparse y construir entornos profesionales más justos, respetuosos y sostenibles.

DEI no es una moda. Es una competencia profesional

Diversidad e inclusión ya no pueden considerarse únicamente una cuestión de Recursos Humanos.

Afectan al liderazgo, al talento, a la innovación, a la comunicación, a la gestión de equipos y a la capacidad de las organizaciones para adaptarse a una sociedad diversa.

Por eso, una formación especializada en DEI no debería ser una formación más. Es una herramienta súper poderosa para aprender a mirar nuestros propios sesgos y las barreras que no habíamos visto.

A mirar el talento que podemos estar dejando atrás.

Y a mirar nuestras decisiones desde una perspectiva más consciente.

En Alma y Talento creemos en una formación que incomoda para transformar

En Alma y Talento no entendemos la formación como una casilla que marcar, un requisito que cumplir o una manera de consumir créditos, sino como una oportunidad para hacerse preguntas como aquella con la que empezamos: ¿Hay alguien que considere que no tiene ningún sesgo? Si alguien levanta la mano, no pasa nada, al revés, tenemos un magnífico punto de partida para empezar a aprender.

Todos tenemos sesgos. La diferencia está en si decidimos ignorarlos o aprender a identificarlos. En este punto empieza la verdadera transformación.

Formación que transforma de forma auténtica, no solo para cumplir, sino para crecer.