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Gabriela Mistral escribió y al hacerlo abrió el camino para muchas otras mujeres.

Su verdadero nombre era Lucila Godoy Alcayaga. Nació en Vicuña (Chile) en 1889 y comenzó a ejercer como maestra siendo apenas una adolescente. La literatura acabaría convirtiéndola en una figura universal, pero reducirla a la poeta de los Piececitos o a la primera mujer latinoamericana en recibir el Nobel de Literatura sería quedarse en la superficie porque Gabriela Mistral fue mucho más.

Poeta, ensayista, periodista, diplomática, intelectual y sobre todo una mujer profundamente comprometida con la educación, la cultura, la justicia social y los derechos humanos.

Y eso es precisamente lo que hace que recomendemos hoy leer “Las mujeres que escribimos”, una recopilación que reúne artículos y semblanzas que Mistral dedicó a mujeres pioneras de la cultura y del conocimiento.

Una mujer que entendió muy pronto que educar era liberar

Hay algo extraordinario en Gabriela Mistral: no tuvo que esperar al Nobel para comprender la desigualdad de género.

En 1906, cuando tenía solamente 17 años y todavía firmaba como Lucila Godoy Alcayaga, publicó en La Voz de Elqui su artículo La instrucción de la mujer.

La instrucción de la mujer no era una reflexión ingenua sobre educación sino una declaración de principios.

Mistral entendía que negar a las mujeres el acceso al conocimiento significaba limitar sus posibilidades de autonomía, de dignidad y de futuro. Defendía que la educación debía ser también científica y que las mujeres tenían derecho a desarrollar plenamente sus capacidades intelectuales. De hecho, El Museo Gabriela Mistral considera aquel texto su primer ensayo de género y señala que desde entonces la relación entre educación, derechos civiles y emancipación femenina recorrería buena parte de su pensamiento durante casi medio siglo.

Es terrible ver en pleno 2026 que países como Afganistán nieguen a mujeres y niñas el acceso a la educación, al trabajo, a la independencia.

Tenía 17 años.

Mientras otros decidían qué podía estudiar una mujer, ella ya estaba preguntándose por qué una mujer no podía estudiar lo mismo que un hombre y ahí está una de las claves de su pensamiento: la educación como herramienta de libertad.

Las mujeres que escribimos

Las mujeres que escribimos es un libro de mujeres que escribieron, pensaron, crearon, investigaron y transformaron la cultura. Mujeres como Rosalía de Castro, Sor Juana Inés de la Cruz, Juana de Ibarbourou, Delmira Agustini, Blanca de los Ríos o Madame Curie, entre otras.

Y hay algo especialmente hermoso en que sea otra mujer quien las rescate. Mistral sabía lo que era ser mujer y querer ocupar un espacio intelectual. Lo que significaba ser juzgada y sabía, sobre todo, que una mujer que logra hacer lo que quiere hacer debe abrir la puerta a las que vienen detrás de ella.

Retratos de mujeres en las bibliotecas

Mistral imaginaba un futuro en el que en las bibliotecas españolas hubiera retratos de mujeres ilustres. Lo dice con una contundencia preciosa: «Pueden colocarse sin ningún miedo de caer en exceso en cualquier sala oficial de libros una Rosalía, una doña Concepción, una doña Blanca, una Sor Juana».

Mistral está diciendo que una biblioteca, una institución cultural, una sala oficial de libros, una historia de la cultura, no puede estar incompleta.

Sobre Blanca de los Ríos

Hay una idea de Mistral sobre Blanca de los Ríos que es clave: le molestaba que los críticos quisieran halagarla llamando «varoniles» a sus cualidades intelectuales. Mistral cuestionaba esa necesidad de atribuir a los hombres aquello que también podía pertenecer a una mujer: inteligencia, profundidad, capacidad creadora, rigor intelectual. ¡Qué adelantada a su tiempo y que actual resulta!

¿Por qué cuando una mujer destaca intelectualmente todavía hay quien busca explicarlo como una excepción?

¿Por qué durante tanto tiempo la inteligencia femenina tuvo que disfrazarse de atributo masculino para ser reconocida? Gabriela Mistral ya había visto esa trampa.

No quería mujeres excepcionales. Quería mujeres libres

Gabriela Mistral trabajó para que otras mujeres pudieran ser libres.

Su compromiso con la educación femenina atravesó su vida. Participó en proyectos educativos en Chile y México, defendió la formación de las mujeres y desarrolló una intensa actividad intelectual y diplomática. Más tarde, como cónsul y representante de Chile, también participó en espacios internacionales vinculados a la condición jurídica y social de la mujer y a los derechos humanos.

La niña que había escrito a los 17 años sobre la necesidad de instruir a las mujeres había llegado, décadas después hasta la gran conversación internacional sobre los derechos humanos.

Gabriela, Lucila y todas las mujeres que escribimos

Me gusta pensar que hay algo simbólico en el nombre. Lucila Godoy fue la joven que empezó a escribir, Gabriela Mistral fue la mujer que el mundo terminó reconociendo. Entre una y otra no hubo una ruptura, hubo un camino y un propósito bien definido.

En 1945 recibió el Premio Nobel de Literatura, convirtiéndose en la primera persona latinoamericana en obtenerlo. En 1951 recibió el Premio Nacional de Literatura de Chile. Murió el 10 de enero de 1957 en Nueva York pero su verdadero legado no está en los premios, está en las mujeres que pudieron estudiar, escribir y pensar. En las mujeres que decidieron que su voz también merecía ser escuchada y sobre todo, su verdadero legado está en la obligación de rescatar del olvido a las mujeres que hicieron historia y que fueron invisibilizadas antes que nosotras. Algo que seguimos precisando hoy.

Gabriela Mistral escribió para que las mujeres escritoras tuvieran un lugar en la historia, lo entendió hace más de un siglo. Todavía tenemos mucho que aprender de ella.